Una casa es una estructura viva, un ser, con una historia anterior a su nacimiento, una personalidad y un espíritu. La construcción de una casa de pensamiento es una fiesta de creación, una “minga” en la cual una comunidad se une alrededor de un propósito, un espacio, que es un ser en gestación. La comunidad y cada participante resultara en el proceso retada y dotada al mismo tiempo de fuerzas que no sabia que tenia.

La comunidad se sentirá a veces eufórica, sonriente o mareada. Es porque un nuevo ser esta en camino, empujara y tomara mucho alimento. “Traer a la luz” es significado de“Techne”, origen de la palabra “técnica”. Traeremos a la luz una casa con “técnicas” sociales y ambientales apropiadas para regenerar el planeta y en este proceso nos construiremos a nosotros mismos.

Construir una casa de pensamiento es ir a un lugar donde la fuerza creativa y el constructor se unen y ya no importa quien creo a quien, importan mas la conciencia despierta de percibir lo que sucede en nuestra vida interior cuando estamos cargando, puliendo, diseñando, cocinando, cuidando, uniendo y pegando las pequeñas partes. La comunicación, el afecto y la creación colectiva son materiales tan estructurales como la madera y la piedra. Por esto si te ofreces a ayudar dispuesto a dejar corazón en cada paso, no seras considerado “mano de obra” sino “corazón de obra” de la comunidad y de la casa de pensamiento.

Construir una casa de esta forma pone amor en las manos, y de las manos pasa a las herramientas pues ellas se vuelven nuestro brazo alargado, una extensión de nuestro poder creativo. Nuestro ser quiere hablar a través de ellas y lo hace. Sentimos que la casa también es parte de nuestro cuerpo, ahora ella es la herramienta creativa: habla, pide y enseña. Luego experimentaremos que esta casa, unida a las estrellas a través de su orientación fijada por la trayectoria del sol es un mapa cósmico para recordar el centro, y quien somos, cuando nos perdemos.

Nos preguntaremos si es ella nuestra casa o nosotros somos de ella, y todas las respuestas serán reales. La casa y la comunidad que la construye habrán quedado bien cimentadas en lo visible y en lo invisible si el sentir nos confirma una emoción de agradecimiento por el proceso de construirnos mutuamente.

Somos seres en proceso, como una casa que siempre requiere cuidado, y la casa nos invitara a hacer conciencia de cada parte de nuestro ser. Por esto una casa de pensamiento es un mapa de la vida, del conocimiento y de nosotros mismos.

Participar en la construcción de una casa de pensamiento nos invita a una labor de Ecología profunda: construiremos un templo fuera, cimentado en nuestro templo interior. Cada amarre es una metáfora de nuestras relaciones humanas. ¿Cómo estamos uniendo las varas? ¿Son ellas como nuestras relaciones? ¿Las unimos con debilidad? con buen material? o con tanto descuido o enfado que las rompemos? ¿Las dejamos bajo la lluvia olvidadas y ahora tienen hongos? ¿Están sanas porque las cuidamos? Están fuertes porque pusimos alegría en ellas? ¿Están nuestros cimientos firmes? La casa, la madera, el bambú y las piedras, y bueno, quizá otros “corazones de obra” te preguntaran todo tipo de cosas, te sugeriremos ponerles máxima atención.

Nuestros ancestros Muiscas nos han enseñado que el andamio invisible está conformado por cuatro dimensiones del ser que corresponden a las cuatro puertas de la casa y a los cuatro elementos de la naturaleza. Las cuatro puertas de la casa a su vez representan las cuatro formas del conocimiento: teórico, practico, emocional y silencioso. Por esta razón aprenderemos teoría, realizaremos construcción práctica, observaremos y gestionaremos la fuerza emocional y nos daremos tiempo, lugar y espacio para escuchar aquello que no se transmite por el sonido y entender aquello que no se puede describir con palabras: el conocimiento silencioso.

Una casa nace y muere como un ser humano y por eso es hermoso que estén hechas de bambú, palma, fibras y madera, osea de células: como nosotros; que pasen por la vida sin hacer daño: como queremos pasar nosotros y que sean lo que su proceso de creación hace de ellas únicas: así nos educaremos a nosotros mismos.

Cultivar los elementos invisibles de la casa no requiere contratar guías ni templos, porque somos a la vez templo y “maestro de obra” de nosotros mismos, por esto mientras limpiamos una madera puliremos las armaduras y puntas de nuestras personalidades, para liberar el desenvolvimiento de talentos y quizá sentirnos como aquel pedazo de madera que muestra sus vetas sin necesidad de barnices dejando ver su belleza interior.

Nos convertimos en columnas de la casa y veremos como una comunidad entera es necesaria para sostener un techo y al llegar a una cumbrera conectar el cielo y la tierra en un continuo tejido. Al terminar dejaremos a los sucesivos habitantes del espacio la honrosa tarea de continuar dando vida y alimento al aprendizaje, de prender el fuego y la palabra, convirtiendo el espacio en una antena cada día más poderosa, un pararrayos de saberes, un lugar de encuentro y fortalecimiento de comunidad local.

Las casas de pensamiento vivas atraen la palabra y sus guardianes, las danzas y sus danzantes, los cantos y sus cantantes. Trae los tuyos. El dialogo, la música y la danzas son el combustible de estos espacios de navegación. Una casa de pensamiento es un barco para viajar en un mar de exploraciones, historias y tradiciones verbales a lugares maravillosos que se activan en el encuentro y quedan grabados por generaciones en un vasto mundo interior, personal y colectivo.

Quieres construir una casa de pensamiento? Te invitamos a ser corazón de obra calificada, cuentanos tu historia y vinculate a nuestras mingas enviando tu informacion a: casasdepensamiento@habitatvivo.com

*Escrito por Carlos Rojas, Fundador Aldeafeliz. Ver otros artículos en: https://medium.com/@carlitosrojas

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